domingo, 28 de julio de 2013

FILOSOFÍA DEL AMOR: Agustín de Hipona y Nietzsche ¿Némesis?

La filosofía del amor es desconocida, poco utilizada e incluso ignorada. En la gran mayoría de los casos las personas que presentan textos sobre el amor son considerados poetas o escritores románticos, en otros casos considerados como personas de poca seriedad especulativa, ya que se afirma que son guiados por el corazón y no por la razón.
Al momento de asumir, la exposición de este ensayo pido no ser considerado un poeta, sería falso porque no me sale la rima; ni muchos menos un iluminado que habla lo que dicta el corazón, ya que racionalmente del corazón sólo brotaría sangre; sólo quiero realizar un intento filosófico, tomando como referencia a 2 contrarios tan diferentes pero tan inseparables como el acto y la potencia ¿o no?
Este ensayo tocará, como se ve en el título, al filósofo cristiano Agustín de Hipona que en su obra De Trinitate, realiza una explicación sobre los 3 elementos del amor y a Friedrich Nietzsche y su idea del sufrimiento y del amor; a simple vista uno es la némesis del otro, pero veremos cómo ofrecen una visión de la realidad filosófica de lo que es este intento de hacer filosofía del amor. Me imagino, que la pregunta que nace es ¿qué tienen en común el creador de la primera gran síntesis cristiana y el autor de la filosofía de la muerte de Dios? Con este intento especulativo, no se pretende compararlos ni contraponerlos, sólo complementarlos ¿Cómo? Ya lo veremos.
Comenzamos hablando de Agustín de Hipona (354-430), entre los años 400 al 416 escribe su obre De Trinitate, donde ayudado de la filosofía como sierva, expone las 3 características del amor, cabe destacar que cada una de ellas las atribuye a una persona de la Trinidad: EL AMANTE (Dios Padre), EL AMADO (Dios Hijo) y EL AMOR (Dios Espíritu); esta acepción no presentará ningún inconveniente para realizar una reflexión filosófica seria. El método a utilizar será la dialéctica, con la peculiaridad que los pasos (tesis, antítesis y síntesis) no se contrapondrán, sino serán un complemento.
El amante, es el que siente el impulso del cariño por la otra persona, es el que comienza el proceso del amor, ya que desde su conocerse y querer compartir con otro llega a desarrollar una atracción especial por otra persona. Que en un principio y luego, si se mantiene oculto solo es un ideal, que tendrá plenitud al entablar relación con el amado.
El amado, se encuentra en potencialidad de amar y de ser amado, es la antítesis, ya que se contrapone a la tesis que es el amante, pero no se contrapone como a un contrario que hay que superar sino como el complemento para que se produzca el tercer paso, pero para que este tercer paso se dé, se ha de producir un contacto directo entre el amante y el amado; el momento en que esta relación de contrarios se dé, se produce un conocimiento que origina el tercer paso.
La síntesis o tercer paso, viene originado por la relación y el conocimiento que se da entre el amante y el amado, lo cual es el conocimiento del amor fruto de la relación establecida. Está síntesis, es el núcleo del amor es más, es el amor en plenitud, ya que todo conocimiento de algún punto de la realidad origina una verdad, de la misma que en un principio puede ser relativizada, pero que al pasar por la purificación de la experiencia y del contacto con otros se va absolutizando.
Inspirado en esta dialéctica, se comienza a construir este intento de filosofar, el cual no es una búsqueda de contacto, sino de objetividad: qué es realmente el amor, abandonando el sentimentalismo (que tanto daño hace en todas las esferas) y utilizando lo racional y lo objetivo que tiene. Para desarrollar objetivamente al amor, sigo unas características que expone Walter Kasper (libro el Dios de Jesucristo), las cuales nacen al momento de reflexionar sobre las tres características expuestas por Agustín y que constituyen bases objetivas para conocer e interpretar la filosofía del amor.
El primer postulado: “El amor implica una unidad que no absorbe al otro, sino que lo acoge y le afirma en su alteridad, dando como fruto la verdadera libertad”, muestra que la relación antes expuesta dialécticamente, viene a estar originada por la unidad que no absorbe u opaca al otro, no cohíbe su libertad, sino todo lo contrario se acogen tal cual son, sin imposiciones, sino en un habita de libertad y correspondencia mutua, donde el egoísmo es dejado de lado y el bien máximo o sumo es buscado por ambos.
Una segunda idea que se puede formular: “El amor, que no ofrece algo a otro, sino que se ofrece a sí mismo, supone en esta misma autocomunicación, una autodistinción y autoalimentación”. En esto, ya superado el aspecto de estar en libertad y aceptarse tal cual son el uno al otro. Nace de esta autoaceptación, ya no un sentimiento de compartir o dar algo al otro, sino un entregarse en totalidad sin dejar reservas para sí, todo lo que busca es donarse totalmente por la otra persona, produciendo así una autodistinción la cual, no está basada en diferencias que separan por buscar intereses particulares, sino que en dichas distinciones, se busca una retroalimentación que enriquece las relaciones interpersonales, ya que no busca entender lo que el otro dice, sino busca entender su propia existencia, su logos.
Una tercera afirmación: “El amante debe retraerse, porque no se trata de él sino del otro. Es más: el amante se deja afectar del otro; se hace vulnerable en el amor”. El culmen de esta filosofía, se alcanza en el momento en el que el amante se deja afectar del amado, se deja alienar, dicha alienación es despojarse, pero sin perder su personalidad, es despojarse de sus perjuicios que lo bloquea y no lo dejan afectarse del otro, de sus problemas, alegrías, preocupaciones y sufrimientos; en fin, se hace vulnerable pero no desde el punto de vista de la debilidad por falta de fuerza o personalidad, sino desde el punto de vista del amor, es decir de un conocimiento más profundo logrado por la relación de alteridad vivida y que acarrea como resultado una relación transparente y dinámica.
Cabe destacar, que ya en estos últimos enunciados, que al hablar de amante y amado, si se asumen los principios mencionados, los 2 términos se usan unidos a cualquiera de las partes que asume su alienación del amor.
En el momento, de ver dicha afección por el otro, hay que señalar que se da una correspondencia entre amor y sufrimiento, con la particularidad que el sufrimiento del amor o por amor, no es una afección pasiva, sino un dejarse afectar de manera activa, es decir una relación que al ser dinámica permite alegrarse con el otro, pero también sufrir con él.
En este punto del sufrimiento, es donde Friedrich Nietzsche (1844-1900) entra en acción, con su exposición sobre el sufrimiento donde llega afirmar que “la capacidad del sufrimiento de cada hombre viene a definir su categoría humana”, para entender el valor de esta frase hay primero que todo dejar de lado los perjuicios creados hacia la persona de Nietzsche, él no viene a invitar al masoquismo ni al sufrimiento por actividad recreativa, sino viene a presentar que el sufrimiento en la vida es un mal necesario que se encuentra muy unido a la propia naturaleza humana. Cabe destacar, que esta frase viene a colocar de relieve que el sufrimiento ayuda a forjar el carácter de la persona, la hace ser más fuerte y más preparada para enfrentar la vida diaria y que si es asumido con madurez y critica intelectual bien acentuada a la razón, se podrán sacar conclusiones que ayudarán a forjar la personalidad y la estructura racional.
Aclarado lo anterior, no se coloca al sufrimiento como estorbo a la hora de amar o de compartir con el otro, sino que ayudará a entablar una relación con bases sólidas, porque muy fácil es estar en los momentos de éxtasis, pero muy difícil en los momentos de desesperación, de turbulencia, aquí es donde juega un papel fundamental el valor del sufrimiento, porque quien sabe sufrir inevitablemente sabe amar al otro en sus momentos de debilidad.
Es más, Nietzsche a este apartado del amor en relación al comportamiento en relaciones de alteridad le da un valor tan superior, que afirma en su libro de moral Más allá del bien y del mal, “Lo que se hace por amor acontece más allá del bien y del mal”, muestra irrefutablemente que el amor es más que un postulado ético que se predica en la sociedad, es una condición de vida que si de verdad se vive en una relación de alteridad y de afección viene a superar las dos grandes barreras que gobiernan nuestro actuar, como lo son: lo bueno y lo malo. No es que se juzga a un lado de lo ético, sino que se da una subjetividad gobernada por la capacidad racional del hombre, cabe hacer mención aquí de la diferenciación entre el amor como tal, de entrega desinteresada a otro, basada con las características expuestas hasta ahora, que lo hacen racional; y el amor visto como el eros, como hedonismo, el cual si es irracional, porque se deja gobernar por las bajas pasiones.
Pero para lograr este amor racional, que se gobierna por la reflexión y la afección activa en relación al otro, el amante-amado ha de ver constantemente en lo hondo de sí mismo su vida, para ver qué es lo que realmente lo motiva. Continuando, de la mano de Nietzsche se podría afirmar “Si el hombre ve hondo en la vida, también ve hondo en el sufrimiento”, y no es por caer en un negativismo o victimismo del hombre, sino que es una realidad a la que una persona ha llegado porque ha crecido y forjado su carácter, sencillamente su vida se ha visto marcada por el sufrimiento, y dicho sufrimiento es privacidad o rechazo al momento de ofrecerse u ofrecer su cariño, pero no se ha quedado en ese aspecto, sino que lo ha superado y le ha servido para crear una base sobre la cual construir verdaderamente una vida marcada por el altruismo, la alteridad, la afección, el querer mejorar y trascender y como resultado de esos actos de relación con otros, nace el verdadero conocimiento del amor y más aún, nace el sentimiento que no deja de ser impulsivo, pero que es contenido o refrenado por la razón, la cual ha sido forjada para entregarse desinteresadamente por el otro.
En fin, es necesario en la reflexión sobre el amor no solo el sentimentalismo, lo cual sería palabras bonitas puestas en un poema o canción, sino saber y reflexionar sobre la base o cimiento donde se forma verdaderamente el amor, siendo esto una entrega que se reflexiona en el interior del hombre, donde se encuentra grandemente marcado por el sufrimiento, que no lo estanca ni lo aliena, sino que lo ayuda a forjar una personalidad integra donde se toca en todo momento el sufrimiento y el amor.
Y es en esta última reflexión, donde se tocan los dos contrarios, ya que el amor es muy bonito en palabras de poetas y de sentimentalistas que se quedan en eso, en puras palabras, pero al contrario quien ve su sufrimiento provocado por una lucha interior no formulara palabras bonitas es más, ni escribirá nada, pero en su vida la lleva con plenitud, porque ha sabido aprender de su lucha interior entre el eros y la donación o entrega y ha concluido que el amor supera lo ético o moral, ya que no necesitara ser juzgado por sus actos, porque ellos están orientados a vivir en plenitud. Ambos filósofos entendieron y vivieron ese amor que yo llamo racional, uno al servicio del Cristianismo y el otro en servicio de sus reflexiones, y aunque nunca estuvo separado de la soledad y no logro una estabilidad de pareja siempre amo la vida e invitaba amarla.
Como conclusión, se puede observar que el creyente no sabe de Dios más que el increyente, estas palabras vienen a reforzar la vivencia de ambos filósofos: uno denominado santo del Cristianismo y el otro considerado el Anticristo moderno, pero ambos llegaron a vivir en plenitud su filosofía del amor en la alteridad. Ahora, viendo lo expuesto es válido preguntarse ¿realmente uno es el némesis del otro? Yo afirmo, sin temor a equivocarme que no, porque en la base de lo que es la vida ambos supieron ser plenos en el “amor racional”: uno en relación a su deidad y el otro en consonancia con su forma de pensar y de filosofar.
Luis Gustavo Zambrano

(Bohemio del XXI)

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