La filosofía del amor es
desconocida, poco utilizada e incluso ignorada. En la gran mayoría de los casos
las personas que presentan textos sobre el amor son considerados poetas o
escritores románticos, en otros casos considerados como personas de poca
seriedad especulativa, ya que se afirma que son guiados por el corazón y no por
la razón.
Al momento de asumir, la exposición
de este ensayo pido no ser considerado un poeta, sería falso porque no me sale
la rima; ni muchos menos un iluminado que habla lo que dicta el corazón, ya que
racionalmente del corazón sólo brotaría sangre; sólo quiero realizar un intento
filosófico, tomando como referencia a 2 contrarios tan diferentes pero tan
inseparables como el acto y la potencia ¿o no?
Este ensayo tocará, como
se ve en el título, al filósofo cristiano Agustín de Hipona que en su obra De
Trinitate, realiza una explicación sobre los 3 elementos del amor y a Friedrich
Nietzsche y su idea del sufrimiento y del amor; a simple vista uno es la
némesis del otro, pero veremos cómo ofrecen una visión de la realidad
filosófica de lo que es este intento de hacer filosofía del amor. Me imagino,
que la pregunta que nace es ¿qué tienen en común el creador de la primera gran
síntesis cristiana y el autor de la filosofía de la muerte de Dios? Con este
intento especulativo, no se pretende compararlos ni contraponerlos, sólo
complementarlos ¿Cómo? Ya lo veremos.
Comenzamos hablando de
Agustín de Hipona (354-430), entre los años 400 al 416 escribe su obre De
Trinitate, donde ayudado de la filosofía como sierva, expone las 3
características del amor, cabe destacar que cada una de ellas las atribuye a
una persona de la Trinidad: EL AMANTE (Dios Padre), EL AMADO (Dios Hijo) y EL
AMOR (Dios Espíritu); esta acepción no presentará ningún inconveniente para
realizar una reflexión filosófica seria. El método a utilizar será la
dialéctica, con la peculiaridad que los pasos (tesis, antítesis y síntesis) no
se contrapondrán, sino serán un complemento.
El amante, es el que
siente el impulso del cariño por la otra persona, es el que comienza el proceso
del amor, ya que desde su conocerse y querer compartir con otro llega a desarrollar
una atracción especial por otra persona. Que en un principio y luego, si se
mantiene oculto solo es un ideal, que tendrá plenitud al entablar relación con
el amado.
El amado, se encuentra en
potencialidad de amar y de ser amado, es la antítesis, ya que se contrapone a
la tesis que es el amante, pero no se contrapone como a un contrario que hay
que superar sino como el complemento para que se produzca el tercer paso, pero
para que este tercer paso se dé, se ha de producir un contacto directo entre el
amante y el amado; el momento en que esta relación de contrarios se dé, se
produce un conocimiento que origina el tercer paso.
La síntesis o tercer paso,
viene originado por la relación y el conocimiento que se da entre el amante y
el amado, lo cual es el conocimiento del amor fruto de la relación establecida.
Está síntesis, es el núcleo del amor es más, es el amor en plenitud, ya que
todo conocimiento de algún punto de la realidad origina una verdad, de la misma
que en un principio puede ser relativizada, pero que al pasar por la
purificación de la experiencia y del contacto con otros se va absolutizando.
Inspirado en esta
dialéctica, se comienza a construir este intento de filosofar, el cual no es
una búsqueda de contacto, sino de objetividad: qué es realmente el amor,
abandonando el sentimentalismo (que tanto daño hace en todas las esferas) y
utilizando lo racional y lo objetivo que tiene. Para desarrollar objetivamente
al amor, sigo unas características que expone Walter Kasper (libro el Dios de
Jesucristo), las cuales nacen al momento de reflexionar sobre las tres
características expuestas por Agustín y que constituyen bases objetivas para
conocer e interpretar la filosofía del amor.
El primer postulado: “El
amor implica una unidad que no absorbe al otro, sino que lo acoge y le afirma
en su alteridad, dando como fruto la verdadera libertad”, muestra que la
relación antes expuesta dialécticamente, viene a estar originada por la unidad
que no absorbe u opaca al otro, no cohíbe su libertad, sino todo lo contrario
se acogen tal cual son, sin imposiciones, sino en un habita de libertad y
correspondencia mutua, donde el egoísmo es dejado de lado y el bien máximo o
sumo es buscado por ambos.
Una segunda idea que se
puede formular: “El amor, que no ofrece algo a otro, sino que se ofrece a sí
mismo, supone en esta misma autocomunicación, una autodistinción y
autoalimentación”. En esto, ya superado el aspecto de estar en libertad y
aceptarse tal cual son el uno al otro. Nace de esta autoaceptación, ya no un
sentimiento de compartir o dar algo al otro, sino un entregarse en totalidad
sin dejar reservas para sí, todo lo que busca es donarse totalmente por la otra
persona, produciendo así una autodistinción la cual, no está basada en
diferencias que separan por buscar intereses particulares, sino que en dichas
distinciones, se busca una retroalimentación que enriquece las relaciones
interpersonales, ya que no busca entender lo que el otro dice, sino busca
entender su propia existencia, su logos.
Una tercera afirmación:
“El amante debe retraerse, porque no se trata de él sino del otro. Es más: el
amante se deja afectar del otro; se hace vulnerable en el amor”. El culmen de
esta filosofía, se alcanza en el momento en el que el amante se deja afectar
del amado, se deja alienar, dicha alienación es despojarse, pero sin perder su
personalidad, es despojarse de sus perjuicios que lo bloquea y no lo dejan
afectarse del otro, de sus problemas, alegrías, preocupaciones y sufrimientos;
en fin, se hace vulnerable pero no desde el punto de vista de la debilidad por
falta de fuerza o personalidad, sino desde el punto de vista del amor, es decir
de un conocimiento más profundo logrado por la relación de alteridad vivida y
que acarrea como resultado una relación transparente y dinámica.
Cabe destacar, que ya en
estos últimos enunciados, que al hablar de amante y amado, si se asumen los
principios mencionados, los 2 términos se usan unidos a cualquiera de las
partes que asume su alienación del amor.
En el momento, de ver
dicha afección por el otro, hay que señalar que se da una correspondencia entre
amor y sufrimiento, con la particularidad que el sufrimiento del amor o por
amor, no es una afección pasiva, sino un dejarse afectar de manera activa, es
decir una relación que al ser dinámica permite alegrarse con el otro, pero
también sufrir con él.
En este punto del
sufrimiento, es donde Friedrich Nietzsche (1844-1900) entra en acción, con su
exposición sobre el sufrimiento donde llega afirmar que “la capacidad del
sufrimiento de cada hombre viene a definir su categoría humana”, para entender
el valor de esta frase hay primero que todo dejar de lado los perjuicios
creados hacia la persona de Nietzsche, él no viene a invitar al masoquismo ni
al sufrimiento por actividad recreativa, sino viene a presentar que el
sufrimiento en la vida es un mal necesario que se encuentra muy unido a la
propia naturaleza humana. Cabe destacar, que esta frase viene a colocar de
relieve que el sufrimiento ayuda a forjar el carácter de la persona, la hace
ser más fuerte y más preparada para enfrentar la vida diaria y que si es
asumido con madurez y critica intelectual bien acentuada a la razón, se podrán
sacar conclusiones que ayudarán a forjar la personalidad y la estructura
racional.
Aclarado lo anterior, no
se coloca al sufrimiento como estorbo a la hora de amar o de compartir con el
otro, sino que ayudará a entablar una relación con bases sólidas, porque muy
fácil es estar en los momentos de éxtasis, pero muy difícil en los momentos de
desesperación, de turbulencia, aquí es donde juega un papel fundamental el valor
del sufrimiento, porque quien sabe sufrir inevitablemente sabe amar al otro en
sus momentos de debilidad.
Es más, Nietzsche a este
apartado del amor en relación al comportamiento en relaciones de alteridad le
da un valor tan superior, que afirma en su libro de moral Más allá del bien y
del mal, “Lo que se hace por amor acontece más allá del bien y del mal”,
muestra irrefutablemente que el amor es más que un postulado ético que se
predica en la sociedad, es una condición de vida que si de verdad se vive en
una relación de alteridad y de afección viene a superar las dos grandes
barreras que gobiernan nuestro actuar, como lo son: lo bueno y lo malo. No es
que se juzga a un lado de lo ético, sino que se da una subjetividad gobernada
por la capacidad racional del hombre, cabe hacer mención aquí de la
diferenciación entre el amor como tal, de entrega desinteresada a otro, basada
con las características expuestas hasta ahora, que lo hacen racional; y el amor
visto como el eros, como hedonismo, el cual si es irracional, porque se deja
gobernar por las bajas pasiones.
Pero para lograr este amor
racional, que se gobierna por la reflexión y la afección activa en relación al
otro, el amante-amado ha de ver constantemente en lo hondo de sí mismo su vida,
para ver qué es lo que realmente lo motiva. Continuando, de la mano de
Nietzsche se podría afirmar “Si el hombre ve hondo en la vida, también ve hondo
en el sufrimiento”, y no es por caer en un negativismo o victimismo del hombre,
sino que es una realidad a la que una persona ha llegado porque ha crecido y
forjado su carácter, sencillamente su vida se ha visto marcada por el
sufrimiento, y dicho sufrimiento es privacidad o rechazo al momento de
ofrecerse u ofrecer su cariño, pero no se ha quedado en ese aspecto, sino que
lo ha superado y le ha servido para crear una base sobre la cual construir
verdaderamente una vida marcada por el altruismo, la alteridad, la afección, el
querer mejorar y trascender y como resultado de esos actos de relación con
otros, nace el verdadero conocimiento del amor y más aún, nace el sentimiento
que no deja de ser impulsivo, pero que es contenido o refrenado por la razón,
la cual ha sido forjada para entregarse desinteresadamente por el otro.
En fin, es necesario en la
reflexión sobre el amor no solo el sentimentalismo, lo cual sería palabras
bonitas puestas en un poema o canción, sino saber y reflexionar sobre la base o
cimiento donde se forma verdaderamente el amor, siendo esto una entrega que se
reflexiona en el interior del hombre, donde se encuentra grandemente marcado
por el sufrimiento, que no lo estanca ni lo aliena, sino que lo ayuda a forjar
una personalidad integra donde se toca en todo momento el sufrimiento y el amor.
Y es en esta última
reflexión, donde se tocan los dos contrarios, ya que el amor es muy bonito en
palabras de poetas y de sentimentalistas que se quedan en eso, en puras
palabras, pero al contrario quien ve su sufrimiento provocado por una lucha
interior no formulara palabras bonitas es más, ni escribirá nada, pero en su
vida la lleva con plenitud, porque ha sabido aprender de su lucha interior
entre el eros y la donación o entrega y ha concluido que el amor supera lo
ético o moral, ya que no necesitara ser juzgado por sus actos, porque ellos
están orientados a vivir en plenitud. Ambos filósofos entendieron y vivieron
ese amor que yo llamo racional, uno al servicio del Cristianismo y el otro en
servicio de sus reflexiones, y aunque nunca estuvo separado de la soledad y no
logro una estabilidad de pareja siempre amo la vida e invitaba amarla.
Como conclusión, se puede
observar que el creyente no sabe de Dios más que el increyente, estas palabras
vienen a reforzar la vivencia de ambos filósofos: uno denominado santo del
Cristianismo y el otro considerado el Anticristo moderno, pero ambos llegaron a
vivir en plenitud su filosofía del amor en la alteridad. Ahora, viendo lo
expuesto es válido preguntarse ¿realmente uno es el némesis del otro? Yo afirmo,
sin temor a equivocarme que no, porque en la base de lo que es la vida ambos
supieron ser plenos en el “amor racional”: uno en relación a su deidad y el
otro en consonancia con su forma de pensar y de filosofar.
Luis Gustavo Zambrano
(Bohemio del XXI)
Felicidades :D
ResponderBorrarwww.dichacelestial.es.tl