domingo, 15 de septiembre de 2013

La realidad política Latinoamericana a la luz de Dussel

Al momento de América lograr la independencia del dominio europeo, adopta los ideales de Rousseau, Montesquieu, Voltaire, entre otros, quienes planteaban los principios democráticos. Pero a su vez, en Latinoamérica no se han asentado totalmente estos principios, en su gran mayoría por la inconformidad del pueblo sobre los gobernantes, apoyando constantemente a caudillos que plantean cambios; quienes al momento de tomar el poder político bien sea por la vía electoral o por la vía de las armas, someten luego al pueblo a la dictadura o a regímenes absolutistas. Esta ha sido la constante de los pueblos de Latinoamérica en los últimos 3 siglos. En la actualidad se observa, cómo han surgido nuevos caudillos llenos de un pseudo-sentimentalismo por los ideales del pueblo, quienes han asumido el poder político por medio de elecciones y en gran medida por su discurso “populístico”. Estos caudillos tienen en común la búsqueda del florecimiento del socialismo, pero con la particularidad que no es por las armas sino por la revolución. Cabe mencionar, que esto ya ocurrido en el mundo y no ha dejado un gran avance en la consolidación social.
Desde esta postura, los caudillos pretenden demostrar que todo lo anterior no ha servido y han comenzado a cambiar las constituciones, leyes y los principios políticos, dichos cambios, le dan mayor poder al gobierno minorizando así el poder del pueblo, que es en teoría democrática quien regula la actividad del gobierno.
A mediados de 1970, surge en Latinoamérica la filosofía de la liberación, la cual hace un llamado preferencial por los más pobres e invita a los gobiernos a tomar dicha preferencia, tanto así que han fomentado tesis en las cuales, proponen al Estado como llevar sus gobiernos.
En este punto sobresale Enrique Dussel, quien es uno de los fundadores y el máximo representante en cuanto a la fundamentación de estas tesis políticas. Él plantea una filosofía política de la liberación en torno a 20 tesis en las cuales, presenta las directrices que deben regir los ideales y las actividades de los políticos, en dichas tesis muestra su acentuado interés por una reestructuración de la democracia, que para él es el mejor régimen político, aunque se encuentra contaminado por el totalitarismo.
En las primeras tesis, habla sobre la relación que existe entre el Estado y el Pueblo, y como ambos deben desarrollar el poder obediencial cada uno desde su ámbito; el Estado obedeciendo la voluntad mayoritaria y beneficiosa del pueblo y, a su vez, el pueblo obedeciendo las leyes y normas que ayudarán a la integración del binomio: Estado-pueblo. Al ir proponiendo las demás tesis, va dando los planes de acción o estratégicos que han de regir dicho cambio, hablando sobre la producción de la vida humana, que no es otra cosa que ver como la sociedad necesita ser orientada para poder persevera la vida, basándola en su postulado de ética da la liberación, la cual es el desarrollo de una ética con principios normativos universales, que se han de enmarcar en la política y en la vida, a su vez ligado a la legitimidad de concordancia en la democracia.
Al proponer la democracia como el principio político, afirma que ésta plantea una interrelación de los sujetos que tratan asuntos comunes, pero que lo negativo de la democracia se basa en las decisiones imperfectas que se toman, ya que generan resultados desfavorables; enmarca como hace toda la filosofía de la liberación, su interés en el pueblo y especialmente en el populismo, ya que ve a los movimientos populares como fuente de ayuda en la búsqueda de cambios. Para dichos cambios enumera dos principios: los políticos y los movimientos sociales:

1. El lugar del liderazgo: se debe dar importancia a la persona que se encuentra al frente del partido, ya que dependiendo de cómo este formado éticamente ayudará a la formación de propuestas positivas y negativas y, a su vez, sabrá guiar a las personas que lo siguen en sus convicciones. Como ya se ha enmarcado anteriormente, el político por vocación, es al que le duele las injusticias hechas al pueblo y propone una forma justa de actuar, esta característica también debe poseerla el líder del partido quien debe buscar y proponer cambios para la mejora de la sociedad y poder así lograr un crecimiento social en la población. No busca los propios intereses sino lo de los demás.
Este principio en nuestra sociedad se encuentra gravemente descuidado, ya que los líderes de los movimientos que no están a favor del gobierno, lo que producen en su mayoría, son conflictos y no soluciones o por el contrario, los movimientos afines al gobierno no escuchan ni aceptan propuestas opositoras.

2. Las formas de organización: en el momento de organizar o de crear los partidos políticos no se han de fundamentar radicalmente en posturas, sino que se debe afianzar en ideales y al mismo tiempo, dejar espacios al dialogo porque partiendo de esto se podrá llegar a reconocer los propios errores y los aciertos de los demás, no se han de cuadricular solo en un aspecto de la sociedad, sino en la colaboración y ayuda para lograr soluciones a los problemas sociales.
En las organizaciones políticas no debe dogmatizarse a los partidarios, sino abrirles sus fronteras y mentalidades para aceptar todos los cambios que se den a favor de la sociedad. Deben ser siempre presentados como una delegación del poder político, ya que al existir garantizarán tener siempre una variedad de personas, para poder así escoger al que se considere más idóneo.

Al observar estos dos elementos, se puede analizar como el fin partidista no es criticar a los que ejercen el poder político, sino por el contrario que los ayuden a ejercer un gobierno equilibrado en la sociedad. A su vez, se ha de descartar la realidad actual de Latinoamérica, donde se maneja un lenguaje acentuadamente bélico al momento de referirse a la introducción de algún cambio, manejando en todo momento las palabras “revolución” y “contra-revolución”, esta última matizada con progreso. La palabra revolución, se define como “un cambio radical en aspecto económico, social, cultural o político”, siendo este su sentido en el papel, pero en el momento de actuar y en el discurso político de la actualidad latinoamericana, es un cambio radical, fomentado por líderes políticos que se basan en el uso de las armas y la imposición de su voluntad para que se cumpla lo que ellos quieren que se haga, oyéndose esta llamada a diario en los diferentes discursos políticos de nuestros líderes, que nos llaman a practicar este principio y afirman que eso es necesario para lograr los cambios.
Por otro lado, se escucha en los contra-revolucionarios o progresistas, que hacen un llamado a que no se atiendan a esos ideales de los revolucionarios, pero que salgamos a luchar para que se respeten nuestras libertades, es decir se llama actuar de la misma manera pero de una forma menos directa y ¿qué produce esto en nuestra sociedad?, produce enfrentamientos armados en las calles, dando la vida los simpatizantes de ambos discursos, pero sin ver que los líderes los acompañen en dichos enfrentamientos.

Dussel con sus tesis propone que se dé una transformación, en la cual no se necesitan armas; sino que solo se necesita de la voluntad de querer aceptar y reconocer las debilidades de las diferentes posturas proponiendo la transformación por encima de la reforma, ya que una transformación puede ser parcial o en muy pocos casos total, mientras que las reformas pretende demostrar un cambio, y lo que se busca es perpetuarse una institución o movimiento particular en el poder, dejando a un lado la búsqueda del progreso para todos. En la mayoría de los países de Latinoamérica, se han propuesto reformas a las constituciones o las leyes, y los resultados de estas reformas son la petición de más tiempo para gobernar, mayor libertad de acción para los que dirigen al Estado; acomodando así todo para llegar fácilmente al socialismo.

Luis Gustavo Zambrano

(Bohemio del XXI)

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