Al momento de América lograr la independencia del dominio
europeo, adopta los ideales de Rousseau, Montesquieu, Voltaire, entre otros, quienes
planteaban los principios democráticos. Pero a su vez, en Latinoamérica no se
han asentado totalmente estos principios, en su gran mayoría por la
inconformidad del pueblo sobre los gobernantes, apoyando constantemente a
caudillos que plantean cambios; quienes al momento de tomar el poder político
bien sea por la vía electoral o por la vía de las armas, someten luego al
pueblo a la dictadura o a regímenes absolutistas. Esta ha sido la constante de
los pueblos de Latinoamérica en los últimos 3 siglos. En la actualidad se
observa, cómo han surgido nuevos caudillos llenos de un pseudo-sentimentalismo
por los ideales del pueblo, quienes han asumido el poder político por medio de
elecciones y en gran medida por su discurso “populístico”. Estos caudillos
tienen en común la búsqueda del florecimiento del socialismo, pero con la
particularidad que no es por las armas sino por la revolución. Cabe mencionar,
que esto ya ocurrido en el mundo y no ha dejado un gran avance en la
consolidación social.
Desde esta postura, los caudillos pretenden demostrar que todo lo
anterior no ha servido y han comenzado a cambiar las constituciones, leyes y
los principios políticos, dichos cambios, le dan mayor poder al gobierno minorizando
así el poder del pueblo, que es en teoría democrática quien regula la actividad
del gobierno.
A mediados de 1970, surge en Latinoamérica la filosofía de la
liberación, la cual hace un llamado preferencial por los más pobres e invita a
los gobiernos a tomar dicha preferencia, tanto así que han fomentado tesis en
las cuales, proponen al Estado como llevar sus gobiernos.
En este punto sobresale Enrique Dussel, quien es uno de los
fundadores y el máximo representante en cuanto a la fundamentación de estas
tesis políticas. Él plantea una filosofía política de la liberación en torno a
20 tesis en las cuales, presenta las directrices que deben regir los ideales y
las actividades de los políticos, en dichas tesis muestra su acentuado interés por
una reestructuración de la democracia, que para él es el mejor régimen
político, aunque se encuentra contaminado por el totalitarismo.
En las primeras tesis, habla sobre la relación que existe entre
el Estado y el Pueblo, y como ambos deben desarrollar el poder obediencial cada
uno desde su ámbito; el Estado obedeciendo la voluntad mayoritaria y
beneficiosa del pueblo y, a su vez, el pueblo obedeciendo las leyes y normas que
ayudarán a la integración del binomio: Estado-pueblo. Al ir proponiendo las
demás tesis, va dando los planes de acción o estratégicos que han de regir
dicho cambio, hablando sobre la producción de la vida humana, que no es otra
cosa que ver como la sociedad necesita ser orientada para poder persevera la
vida, basándola en su postulado de ética da la liberación, la cual es el
desarrollo de una ética con principios normativos universales, que se han de
enmarcar en la política y en la vida, a su vez ligado a la legitimidad de
concordancia en la democracia.
Al proponer la democracia como el principio político, afirma que
ésta plantea una interrelación de los sujetos que tratan asuntos comunes, pero
que lo negativo de la democracia se basa en las decisiones imperfectas que se
toman, ya que generan resultados desfavorables; enmarca como hace toda la
filosofía de la liberación, su interés en el pueblo y especialmente en el
populismo, ya que ve a los movimientos populares como fuente de ayuda en la
búsqueda de cambios. Para dichos cambios enumera dos principios: los políticos
y los movimientos sociales:
1. El lugar del
liderazgo: se debe
dar importancia a la persona que se
encuentra al frente del partido, ya que dependiendo de cómo este formado éticamente
ayudará a la formación de propuestas positivas y negativas y, a su vez, sabrá
guiar a las personas que lo siguen en sus convicciones. Como ya se ha enmarcado
anteriormente, el político por vocación, es al que le duele las injusticias
hechas al pueblo y propone una forma justa de actuar, esta característica
también debe poseerla el líder del partido quien debe buscar y proponer cambios
para la mejora de la sociedad y poder así lograr un crecimiento social en la
población. No busca los propios intereses sino lo de los demás.
Este principio en nuestra sociedad se encuentra gravemente
descuidado, ya que los líderes de los movimientos que no están a favor del
gobierno, lo que producen en su mayoría, son conflictos y no soluciones o por
el contrario, los movimientos afines al gobierno no escuchan ni aceptan
propuestas opositoras.
2. Las formas de
organización: en el
momento de organizar o de crear los partidos políticos no se han de fundamentar
radicalmente en posturas, sino que se debe afianzar en ideales y al mismo
tiempo, dejar espacios al dialogo porque partiendo de esto se podrá llegar a
reconocer los propios errores y los aciertos de los demás, no se han de
cuadricular solo en un aspecto de la sociedad, sino en la colaboración y ayuda
para lograr soluciones a los problemas sociales.
En las organizaciones políticas no debe dogmatizarse a los
partidarios, sino abrirles sus fronteras y mentalidades para aceptar todos los
cambios que se den a favor de la sociedad. Deben ser siempre presentados como
una delegación del poder político, ya que al existir garantizarán tener siempre
una variedad de personas, para poder así escoger al que se considere más
idóneo.
Al observar estos dos elementos, se puede analizar como el fin
partidista no es criticar a los que ejercen el poder político, sino por el
contrario que los ayuden a ejercer un gobierno equilibrado en la sociedad. A su
vez, se ha de descartar la realidad actual de Latinoamérica, donde se maneja un
lenguaje acentuadamente bélico al momento de referirse a la introducción de
algún cambio, manejando en todo momento las palabras “revolución” y
“contra-revolución”, esta última matizada con progreso. La palabra revolución,
se define como “un cambio radical en aspecto económico, social, cultural o
político”, siendo este su sentido en el papel, pero en el momento de actuar y
en el discurso político de la actualidad latinoamericana, es un cambio radical,
fomentado por líderes políticos que se basan en el uso de las armas y la
imposición de su voluntad para que se cumpla lo que ellos quieren que se haga, oyéndose
esta llamada a diario en los diferentes discursos políticos de nuestros líderes,
que nos llaman a practicar este principio y afirman que eso es necesario para
lograr los cambios.
Por otro lado, se escucha en los contra-revolucionarios o
progresistas, que hacen un llamado a que no se atiendan a esos ideales de los
revolucionarios, pero que salgamos a luchar para que se respeten nuestras
libertades, es decir se llama actuar de la misma manera pero de una forma menos
directa y ¿qué produce esto en nuestra sociedad?, produce enfrentamientos
armados en las calles, dando la vida los simpatizantes de ambos discursos, pero
sin ver que los líderes los acompañen en dichos enfrentamientos.
Dussel con sus tesis propone que se dé una transformación, en la
cual no se necesitan armas; sino que solo se necesita de la voluntad de querer aceptar
y reconocer las debilidades de las diferentes posturas proponiendo la
transformación por encima de la reforma, ya que una transformación puede ser
parcial o en muy pocos casos total, mientras que las reformas pretende
demostrar un cambio, y lo que se busca es perpetuarse una institución o
movimiento particular en el poder, dejando a un lado la búsqueda del progreso para
todos. En la mayoría de los países de Latinoamérica, se han propuesto reformas
a las constituciones o las leyes, y los resultados de estas reformas son la
petición de más tiempo para gobernar, mayor libertad de acción para los que
dirigen al Estado; acomodando así todo para llegar fácilmente al socialismo.
Luis
Gustavo Zambrano
(Bohemio
del XXI)
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