domingo, 18 de agosto de 2013

EL COMADRÓN: SÓCRATES (470 a. C.-399 a. C)

 En el momento que me corresponde vivir, se da el auge de los sofistas (personas que se consideraban a sí mismas como poseedoras del conocimiento), que tenían la idea de una verdad algo subjetiva-relativizada, la cual a mi juicio es poco rigurosa. Mi visión filosófica, me separó de la visión cosmológica que ha venido hasta mis días y me dedique a la formulación de una filosofía desde la virtud, cabe destacar que para mí la virtud es la posesión del conocimiento; mientras que el vicio es la ignorancia. Y valga la salvedad que la sabiduría no consiste, para mí, en acumulación de conocimientos, sino en revisar los conocimientos que se tienen y de ahí construir formulaciones más sólidas.
 Para alcanzar este conocimiento sólido o universal, contrario a los farsantes de mi época, formulo la Mayéutica, que consiste en hacer preguntas cargadas de ironía y con una constitución bien estructurada, que permite al interrogado parir su propio conocimiento desde los conocimientos previos que posee, por eso se me denomina “comadrón”, oficio que desempeñaba mi madre, ella ayudaba a que naciera la vida y yo a que naciese el conocimiento sólido.
 Este método se encuentra constituido de dos pasos, que son algo ignorados, el primero es la ironía, la cual consiste en hacer saber y ver al interlocutor que es un ignorante, ya que este es el primer paso para poder alcanzar el conocimiento, desde esta visión nace mi frase célebre, que es conocida a medias y que a veces buscan usarla para justificar la pereza del pensar, siendo la que reza “sólo sé que no sé nada, esto me distingue de los demás sabios que pretenden saberlo todo”, ya leída completa tiene un sentido más agradable que el de justificar su pereza mental, y muestra que es un punto de distinción con los pedantes sofistas.
 El segundo momento o paso, es la Mayéutica propiamente dicha, la cual consiste en la búsqueda de la verdad universal, por medio de la inducción. A este último punto, difícilmente se llega, siendo de donde mis detractores atacan mi formulación, ya que luego que queda demostrada su ignorancia no son capaces de mostrar la verdad universal que poseen. Este es el aporte que dejo a la filosofía, una nueva manera de ver y consistir a mi sobrina la filosofía.
 Ya al final de mi vida, fui condenado a muerte por los denominados re estructuradores de la democracia ateniense, aunque durante mi juicio deje clara mi inocencia ante los cargos que se me imputaban que eran los siguientes: que no reconocía los dioses griegos y por tanto desconocía al Estado griego; y de corromper a la juventud, fui condenado a beber la cicuta. Al ser condenado, se me dejo la posibilidad de desterrarme o de huir por medio de unos amigos que me ayudarían, pero preferí morir así fuese injustamente, porque las leyes del Estado se han de respetar y para mí hubiese sido peor haber huido de mi amada Atenas, que ya había defendido en diferentes batallas, como guerrero en las guerras de Samos (440 a. C.) y la de Delios (424 a. C), entre otras.
 En conclusión, estos son los rasgos más importantes de mi aporte a la Filosofía, además el gran Platón fue mi discípulo y se me reconoce como gran orador y debía serlo para poder llevar a cabo mi método de la Mayéutica.

Luis Gustavo Zambrano

(Bohemio del XXI)

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